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Mostrando entradas de abril, 2022

Despertar

Entra la luz y asciendo torpemente de los sueños al sueño compartido y las cosas recobran su debido y esperado lugar y en el presente converge abrumador y vasto el vago ayer: las seculares migraciones del pájaro y del hombre, las legiones que el hierro destrozó, Roma y Cartago. Vuelve también la cotidiana historia: mi voz, mi rostro, mi temor, mi suerte. ¡Ah, si aquel otro despertar, la muerte, me deparara un tiempo sin memoria de mi nombre y de todo lo que he sido! ¡Ah, si en esa mañana hubiera olvido! Jorge Luis Borges

Escribir novelas...

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A Theodor Kittelsen...

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La Gare Saint-Lazare...

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  Paris... 1877 Claude Monet,  La Gare Saint-Lazare

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Edward Burne-Jones, Princess Sabra Led to the Dragon (1866)

A María Zambrano...

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11. Una ficha para nuestro manuscrito

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Titus B.   es esta noche un duendecillo nervioso . Aunque, como de costumbre, lee el Libro Grande con voz alta y firme, a ratos cierra los ojos, respira muy fuerte y guarda silencio, un silencio muy largo y muy pesado, y   busca ansioso a su alrededor entre la tierra y las luciérnagas . - ¿Qué es lo que buscas, maestro? Levanta los ojillos de la tierra y los deja clavados en los míos. - ¿Qué buscas? Pregunto de nuevo y su boca sonríe, sonríe a la palabra   maestro . Luego agacha la cabeza y torna en su búsqueda en pos de lo que quiera que sea. Y encuentra ese lo que quiera que sea, que resulta ser   un palo diminuto al que hace rayar la tierra con  guiones , guiones y más guiones   a los que no siguen letras escritas ,   sino muchísimas letras habladas ... Manuscrito Voynich. Detalle -  El   Manuscrito   Voynich , mujercita -y vuelve a mirarme-, se compone de  102 folios encuadernados  (23 x 16 cm), creados en la Europa Central en un momento cualquiera entre los

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Charles Allston Collins,  The Pedlar  (1850)

Se equivocó la paloma…

Se equivocó la paloma, se equivocaba. Por ir al norte fue al sur, creyó que el trigo era el agua. Creyó que el mar era el cielo que la noche la mañana. Que las estrellas rocío, que la calor la nevada. Que tu falda era tu blusa, que tu corazón su casa. (Ella se durmió en la orilla, tú en la cumbre de una rama). Rafael Alberti

Sobre "Romeo y Julieta"...

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Frederic Leighton,   La reconciliación entre los Montesco y los Capuleto tras la muerte de Romeo y Julieta «Lo he traducido con devoción para que las palabras de Shakespeare puedan comunicar a todos, en nuestro idioma, el fuego transparente que arde en ellas sin consumirse desde hace siglos». Pablo Neruda sobre Romeo y Julieta

Para el Metropolitan Museum of Art...

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Arc de Triomphe de l'Étoile...

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  Paris... 1852 Gaspard Gobaut,  Arc de Triomphe de l'Étoile

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Marie Spartali Stillman, The Pilgrim Folk  (1914)

10. Los ojos del sueño

Aquel sueño me convirtió en un ser extraño : extraña a mí misma, a mis propios ojos que ya no contemplaban más el mundo sino ocultos tras otro par de ojos tan invisibles, tan imaginarios y tan ajenos que se me habían pegado a la piel. Igual que las lentes de Titus B... así   se me habían pegado en los párpados aquellos dos ojos que no eran míos   y , sin embargo,   miraban por mí ... Las manitas rechonchas del duende , que me pellizcaban la nariz con el auspicio de la luna,  hicieron que los abriera . Hicieron que me incorporase y lo mirara de frente...  Sé que me sabía culpable ,   pero no me condenó . Sentándose a mi lado, el   Libro Grande   en brazos y el   Manuscrito Cifrado   bien cerquita,   dejó  en silencio que sus piececillos descalzos se bañaran en la corriente tibia del   arroyo sin nombre . Abrió el Libro y buscó una página cualquiera, indefinible.   Volvió a mirarme , una decena de diminutas luciérnagas acudían ya a prestarle luz, bajó la cabeza  y comenzó a leer ...

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Arthur Hughes, In the Grass  (1864 - 1865)

Alocución pagana

¿Es que, acaso, estimáis que por creer en la inmortalidad, os tendrá que ser dada? Es obra de la fe, del egoísmo o la desolación. Y si existe, no importa no haber creído en ella: respuestas ignorantes son todas las humanas si a la muerte interroga. Seguid con vuestros ritos fastuosos, ofrendas a los dioses, o grandes monumentos funerarios, las cálidas plegarias, vuestra esperanza ciega. O aceptad el vacío que vendrá, en donde ni siquiera soplará un viento estéril. Lo que habrá de venir será de todos, pues no hay merecimiento en el nacer y nada justifica nuestra muerte. Francisco Brines