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Mostrando entradas de enero, 2022

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Dante Gabriel Rossetti, How Sir Galahad, Sir Bors and Sir Percival Were Fed with the Sanct Grael; but Sir Percival's Sister Died by the Way  (1864)

Canción de la muerte

Débil mortal no te asuste mi oscuridad ni mi nombre; en mi seno encuentra el hombre un término a su pesar. Yo, compasiva, te ofrezco lejos del mundo un asilo, donde a mi sombra tranquilo para siempre duerma en paz. Isla yo soy del reposo en medio el mar de la vida, y el marinero allí olvida la tormenta que pasó; allí convidan al sueño aguas puras sin murmullo, allí se duerme al arrullo de una brisa sin rumor. Soy melancólico sauce que su ramaje doliente inclina sobre la frente que arrugara el padecer, y aduerme al hombre, y sus sienes con fresco jugo rocía mientras el ala sombría bate el olvido sobre él. Soy la virgen misteriosa de los últimos amores, y ofrezco un lecho de flores, sin espina ni dolor, y amante doy mi cariño sin vanidad ni falsía; no doy placer ni alegría, mas es eterno mi amor. En mí la ciencia enmudece, en mi concluye la duda y árida, clara, desnuda, enseño yo la verdad; y de la vida y la muerte al sabio muestro el arcano cuando al fin abre mi mano la puerta a la eter

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Joueur d'orgue...

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 Paris... 1898 - 1899 Eugène Atget,  Joueur d'orgue

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John Collier, A Great Lady  (1910)

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Edmund Leighton, How Liza Loved the King (1890)

El bello navío

Yo te quiero contar, ¡oh lánguida hechicera! Los distintos encantos que ornan tu juventud; Trazar deseo tu belleza Donde, a la par, se alían infancia y madurez. Cuando pasas, barriendo el aire con tu falda Semejas a un bajel que enfila la bocana Y anda balanceándose, desplegadas las velas, Siguiendo un ritmo dulce y perezoso y lento. Sobre tu esbelto cuello y tus anchas espaldas Se pavonea con gracia tu altanera cabeza; Con aire plácido y triunfal Continúas tu camino, majestuosa niña. Yo te quiero contar, ¡oh lánguida hechicera! Los distintos encantos que ornan tu juventud; Trazar deseo tu belleza Donde, a la par, se alían infancia y madurez. Tu seno que se comba, oprimiendo el moaré, Tu seno triunfante es un pulido armario Cuyas dos jambas claras y arqueadas Se parecen a escudos que aferrasen la luz. ¡Provocantes defensas con dos rosadas puntas! Mueble dulce en secretos, lleno de cosas ricas: Vinos, perfumes, néctares, Que harían delirar mentes y corazones. Cuando pasas, barriendo el

4. El sueño del duende

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Manuscrito Voynich . Diagrama astrológico Se va la noche y llega al fin el alba .   Las luciérnagas ahogan su brillo   en la claridad creciente,   la luna cierra los ojos   y en las ramas más altas de los árboles y en las más bajitas de los arbustos   la vida se despereza , rendida ante un sol de principios de verano que atemoriza al duende y lo hace correr a ocultarse en cualquier sitio. Cuando siente que está a salvo se despoja de las lentes, dejando que cuelguen del cordel en lo blandito del chaleco; bosteza haciendo mucho ruido, entorna los ojillos fatigados de tantísima lectura nocturna, y duerme.                                            Yo lo observo medio atontada . Debo descansar también. Debo y, sin embargo, siento que   ninguna luz de ningún sol podrá aplacar en el sueño estas ansias de saber ... De manera que me levanto y avanzo con cuidado hacia los libros: el   Manuscrito Cifrado   y el   Libro Grande   que el duende dejó tumbados ante el huequecillo entre raí

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Edward Burne-Jones, The Council Chamber  (1872)

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William James Neatby, The Heart of the Rose (c. 1903)

No es de cobarde mi alma

  No es de cobarde mi alma, no tiembla en la esfera tormentosa del mundo: Veo las glorias del cielo brillar y la fe brilla igual, armándome contra el miedo. ¡Oh Dios dentro de mi pecho, todopoderosa y omnipresente deidad! ¡La vida —que en mí descansa—, Como yo —en la vida eterna— tiene poder en ti! Vanos son los mil credos que mueven los corazones del hombre: indeciblemente vanos; inútiles como malas hierbas marchitas, o como la ociosa banalidad en el centro de la eternidad, para despertar la duda en uno sostenido tan rápido por tu infinito; tan seguramente anclado en la roca firme de la inmortalidad. Con gran amor universal tu espíritu anima los años eternos, penetra y medita, cambia, sostiene, se disuelve, crea y se levanta. Aunque la tierra y el hombre desaparezcan, y soles y universos dejen de existir, y solo Tú hayas quedado, cada existencia existiría en Ti. No hay espacio para la muerte, ni átomo que sus fuerzas pueda animar: Tú, Tú eres el Ser y el Aliento, y lo que eres nunca p